Jóvenes de entre 20 y 30 años comenzaron a compartir de forma permanente su geolocalización, al difundir su ubicación en tiempo real con amigos y parejas mediante funciones de Instagram, Google Maps y la herramienta “Buscar” de iPhone.
Esta práctica, cada vez más extendida en grupos cerrados, se realiza de manera continua y permite conocer en todo momento dónde se encuentran y hacia dónde se dirigen.
Según especialistas, este fenómeno responde a motivos de seguridad personal, pertenencia social y reducción de la incertidumbre, aunque también advierten sobre riesgos para la privacidad y los vínculos emocionales.
Asimismo, el uso permanente de la geolocalización ha dejado de ser una función ocasional para convertirse en una dinámica cotidiana entre los jóvenes. Activar esta herramienta requiere únicamente habilitar la opción de compartir ubicación en aplicaciones móviles o seleccionar contactos específicos con los que se desea mantener visible el desplazamiento en tiempo real.
En cuanto a las plataformas, Instagram permite compartir la última ubicación mediante una burbuja denominada “mapas”, configurable para todos los seguidores o únicamente para el grupo de “mejores amigos”.
La aplicación informa que la ubicación exacta se actualiza cada vez que se abre la plataforma y desaparece si no se utiliza durante 24 horas. Por su parte, Google Maps y los dispositivos iPhone ofrecen funciones similares que permiten compartir la localización de forma continua con contactos previamente autorizados.
Desde la psicología, este fenómeno se asocia a la necesidad de reducir la incertidumbre y mantener la cohesión dentro de un grupo social. La psicóloga Silvia Álava advierte que no compartir la ubicación puede interpretarse como una señal de desconfianza o exclusión.
“Saber en todo momento dónde están mis amigos hace que se reduzca la incertidumbre y aporta tranquilidad. Influye ese miedo a quedarse fuera. No compartir se podría interpretar como que no estás dentro del grupo, que tienes más desconfianza o incluso que tienes algo que ocultar”, afirmó.
Además del componente social, la percepción de seguridad es uno de los principales factores que impulsan esta práctica. Álava reconoce que puede tener efectos positivos si se utiliza con un objetivo claro y consensuado.
“Puede tener un beneficio, porque facilita la organización o la seguridad con amigos que saben por dónde voy y, si me pasa algo, me van a poder ayudar. Nos sentimos más cuidados y apoyados”, expresó.
No obstante, la especialista subrayó que el uso permanente también puede derivar en dinámicas problemáticas.
“Tiene sus riesgos si lo hacemos como algo impuesto, generando dependencia emocional y confundiendo confianza con vigilancia”, añadió.
En este sentido, el modelo de geolocalización permite que un grupo de personas conozca de forma continua la ubicación y movimientos del resto. Para Sandra Lázaro, de 29 años, compartir su localización con amigos cercanos no representa una invasión a su privacidad.
“Es una forma de sentir seguridad. Vivo sola y, cuando vuelvo a casa, ya saben por dónde estoy volviendo”, comentó.
Lázaro señaló que la función también le permite localizar su teléfono móvil en caso de extravío o robo, aunque reconoció que a veces expone situaciones cotidianas.
“Siempre llego tarde y muchas veces les digo ‘ya voy’ y todavía estoy saliendo de la ducha”, bromeó.
De igual manera, Paula Santiago, de 30 años, comparte su ubicación de forma permanente con amigas y con su pareja, principalmente por razones de seguridad personal.
“Al ser mujer, me siento más segura. Es bueno que la gente cercana a mí tenga mi ubicación y, si pasa cualquier cosa, sepan dónde estoy. No me siento vigilada. No tengo nada que esconder”, señaló.
A pesar de estos beneficios percibidos, Álava alertó sobre la exposición constante de información personal sensible.
“Estamos difundiendo datos muy íntimos, lo que nos hace más vulnerables a otros problemas que generan las redes”, apuntó.
La especialista indicó que la geolocalización puede ser positiva si se limita a personas de confianza y se utiliza con un propósito definido.
“Siempre siendo consciente de que se usa con conocimiento, con una utilidad clara y nunca por sentirse fuera de un grupo”, expresó.
Conforme a expertos, el miedo a agresiones y la necesidad de pertenencia social son dos de los principales detonantes de esta práctica, en la que generalmente no se incluye a los padres. En el entorno familiar, la geolocalización suele responder a la ansiedad de los adultos por conocer el paradero de sus hijos.
“Hay muchos padres y madres que quieren tener a sus hijos geolocalizados. La mayor parte suele ser más para calmar esa ansiedad por no saber dónde están”, destacó Álava.
Por último, antes de activar estas herramientas, la recomendación es trabajar en la confianza y el respeto dentro del entorno familiar.
“Es importante que cuenten qué están haciendo y que sepan que, si ha habido algún problema, la primera persona a la que se lo pueden decir son ellos”, concluyó.
Con información de EFE
