Con una amplia participación de artistas, activistas y especialistas en derechos humanos, se llevó a cabo el conversatorio “El arte como puente para la cultura de paz” en la sede del Anexo Periférico de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Este encuentro se consolidó como un espacio de reflexión colectiva sobre el papel del arte en la transformación social y la construcción de entornos más justos e inclusivos.
De acuerdo con la CNDH, la jornada tuvo como objetivo reflexionar en torno al arte como un lenguaje universal capaz de impulsar la cultura de paz, visibilizar problemáticas sociales y generar empatía ante contextos de desigualdad y exclusión.
A través del intercambio de experiencias comunitarias y binacionales, se expuso cómo las expresiones artísticas pueden abrir caminos hacia la justicia, la solidaridad y el fortalecimiento de los derechos humanos.

Los participantes coincidieron en que el arte es una herramienta que, cuando se origina desde la comunidad, tiene el poder de inspirar y transformar realidades.
“Cuando el arte nace desde la comunidad y se pone al servicio de la paz, no solo inspira: transforma”, señalaron durante el diálogo.
Reflexión colectiva y experiencias compartidas
El conversatorio contó con la participación de Enrique Chiu, artista plástico y activista, presidente de la Fundación Internacional Enrique Chiu por una Niñez con Futuro, A.C., reconocido a nivel internacional por su proyecto Mural de la Hermandad, ubicado en la frontera México–Estados Unidos.
También intervino Swald Huerta, fundador y presidente de Culturalmente Responsable, A.C., impulsor de proyectos culturales con impacto social y comunitario.
Desde Colombia participó Julián Ocampo Carmona, artista plástico que compartió experiencias vinculadas con la educación artística y los procesos de reconciliación derivados del posacuerdo de paz en su país, destacando la relevancia del arte en la reconstrucción del tejido social.

La moderación estuvo a cargo de Cristina Isabel Hernández López, capacitadora de la CNDH, quien guió el diálogo entre los invitados y el público, propiciando un intercambio de ideas centrado en la empatía y la cooperación a través de la creación artística.
El arte como lenguaje y herramienta social
Durante las intervenciones se abordaron distintos ejes temáticos sobre el papel del arte en la cultura de paz. Los ponentes coincidieron en su función como un lenguaje universal capaz de comunicar más allá de fronteras, idiomas o contextos culturales.
Asimismo, se destacó que el arte es una vía para visibilizar conflictos, modificar narrativas sociales y fomentar la participación ciudadana en la búsqueda de soluciones colectivas.
En este sentido, se compartieron ejemplos de proyectos comunitarios y binacionales en los que las expresiones artísticas han servido para fortalecer vínculos, derribar prejuicios y promover la inclusión.
Uno de los temas centrales fue el impacto del Mural de la Hermandad, iniciativa encabezada por Enrique Chiu en la frontera norte, que simboliza la unión entre comunidades separadas por muros físicos y sociales.
Este proyecto fue mencionado como un ejemplo del potencial del arte público para generar diálogo, esperanza y solidaridad entre países.
Por su parte, Swald Huerta destacó la importancia de los proyectos culturales con enfoque social y su papel en la sensibilización sobre derechos humanos, mientras que Julián Ocampo Carmona enfatizó el valor pedagógico del arte en procesos de memoria y reconciliación.
Educación, memoria y reconstrucción social
De acuerdo con los participantes, la educación artística desempeña un papel fundamental en la formación de ciudadanía y en la consolidación de la paz. A través de talleres, murales, proyectos escolares y actividades culturales, el arte permite fortalecer valores como la empatía, la libertad y la justicia.
Se subrayó también que, en contextos de posconflicto y desigualdad, las iniciativas pedagógicas basadas en el arte contribuyen a sanar heridas colectivas y a reconstruir la confianza entre comunidades.
Los asistentes coincidieron en que estas experiencias no solo benefician a quienes participan directamente, sino que generan efectos multiplicadores en los entornos locales.
Reconocimiento internacional y cooperación
El conversatorio destacó además la conexión entre las manifestaciones artísticas y organismos internacionales como la UNESCO, la ONU y la Cumbre de Premios Nobel de la Paz, instituciones que han reconocido y respaldado proyectos culturales por su contribución al diálogo, la inclusión y la defensa de los derechos humanos.
En ese contexto, se enfatizó que el arte, al vincularse con los derechos fundamentales y las causas sociales, se convierte en una herramienta poderosa para sanar y transformar realidades, fortaleciendo los valores universales de empatía, equidad y solidaridad.
Cierre del encuentro
El evento concluyó con la participación del público, que aportó reflexiones y testimonios sobre el impacto del arte en sus comunidades. El mensaje final sintetizó el espíritu del encuentro al destacar la capacidad del arte para conectar a las personas más allá de las fronteras.
“El arte como puente conecta comunidades, países, generaciones y culturas. Un mundo sin muros, un mundo con más colores de paz”, expresaron los participantes en el cierre de la jornada.
De acuerdo con la CNDH, este tipo de espacios continuará fortaleciéndose como parte de sus acciones para promover la cultura de paz, el respeto a los derechos humanos y la cooperación entre sectores sociales y culturales.
