La XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe culminó en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco con la adopción del “Compromiso de Tlatelolco: Una década de acción para el logro de la igualdad sustantiva de género y la sociedad del cuidado”.
Este documento orientará las políticas públicas de la región en los ámbitos político, económico, social, cultural y ambiental durante los próximos diez años, de acuerdo con la CEPAL, ONU Mujeres y el Gobierno de México.
La reunión, realizada del 12 al 15 de agosto, reunió a más de 1,200 participantes, incluyendo delegaciones de 31 Estados miembros, representantes de 23 agencias de la ONU, 25 organismos intergubernamentales, parlamentarias de más de 20 países y cerca de 600 integrantes de la sociedad civil, lo que la convierte en uno de los encuentros más inclusivos de la región.
María-Noel Vaeza, Directora Regional para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres, destacó la importancia de generar un marco regional sólido para garantizar la igualdad y promover la sociedad del cuidado.
“Es un momento extraordinario para el feminismo en América Latina y el Caribe. […] Este año buscamos una nueva declaración que nos permita establecer todo lo que falta para que las sociedades del cuidado sean una realidad: el financiamiento, las legislaciones, el mercado de trabajo de la economía del cuidado y más”, afirmó Vaeza.
En paralelo, José Manuel Salazar-Xirinachs, Secretario Ejecutivo de la CEPAL, subrayó que la conferencia posee un enfoque conceptual único en la región, capaz de influir en la agenda internacional.
“Es una visión sobre el cuidado como un elemento fundamental de la convivencia y la interdependencia humana. No hay otra región del mundo que tenga una conferencia, una energía y un desarrollo conceptual como este, y ha tenido mucha influencia en los avances a nivel de los países e incluso en la agenda internacional”, indicó Salazar-Xirinachs.
Envejecimiento y reparto del cuidado
Según la CEPAL, los cambios demográficos ejercen una presión creciente sobre la demanda de cuidados en la región. Entre 2028 y 2032, la población de 65 años y más superará a la infantil en la mayoría de los países latinoamericanos. Frente a esta tendencia, Salazar-Xirinachs precisó:
“Cada vez la carga de cuidado de adultos mayores va a ser más grande que la de niños, y las dos se suman”, afirmó el Secretario Ejecutivo de la CEPAL.
Asimismo, anticipó que hacia mitad de siglo se requerirá una inversión sustancial en cuidados.
“Habrá unos 34 millones de adultos mayores de 80 años en 2050. Ésa es una población que requiere una inversión en cuidado muy intensa”, subrayó Salazar-Xirinachs.
Respecto a la distribución de responsabilidades, el funcionario enfatizó la corresponsabilidad entre hombres y mujeres:
“No podemos seguir con lo tradicional y que sean las mujeres en el hogar las únicas que cuiden. Las estadísticas muestran que, de lejos, las mujeres son las que hacen la mayor parte del trabajo de cuidado, y una proporción altísima no se remunera. Ese trabajo es productivo, pero no se reconoce ni se paga”, indicó Salazar-Xirinachs.
Por su parte, Vaeza remarcó que la transformación de la norma social es clave para lograr una sociedad del cuidado inclusiva:
“El cuidado no es un tema exclusivo de las mujeres. Es un tema de toda la sociedad. La sociedad tiene que cambiar la norma social que dice que la mujer cuida y el hombre sale a trabajar. No es así. Las mujeres trabajan y aportan con creatividad e innovación. Y cuando hombres y mujeres trabajan juntos, sacan a los países adelante”, afirmó Vaeza.
Reconocimiento del cuidado como derecho
El 7 de agosto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) reconoció el cuidado como necesidad básica y universal.
“El cuidado como una necesidad básica, ineludible y universal, de la cual depende tanto la existencia de la vida humana como el funcionamiento de la vida en sociedad. El cuidado se configura como el conjunto de acciones necesarias para preservar el bienestar humano”, reiteró el pronunciamiento de la CoIDH.
Vaeza explicó que este reconocimiento implica obligaciones concretas para los Estados.
“Esto tiene una correspondencia en la obligación de los Estados miembros de la Organización de Estados Americanos de respetar este nuevo derecho humano, así que esperamos que los sistemas de cuidados tengan ese correspondiente en la legislación de los países y en la CoIDH”, afirmó la directora de ONU Mujeres.
Inversión, empleo y Estado de bienestar
Según estimaciones de la CEPAL, invertir en sistemas y servicios de cuidado genera un efecto multiplicador en la economía regional.
“Hemos estimado que, para cerrar muchas de las brechas, se requeriría invertir un 4.7% del PIB en los próximos 10 años, lo que equivale a un 0.6% anual. Esto crearía alrededor de 31 millones de empleos en el sector de cuidados, un 12% de la fuerza laboral de toda la región, y generaría un incremento del 20% en los ingresos tributarios. Por cada cinco dólares invertidos en infraestructura de cuidados, se recupera uno”, detalló Salazar-Xirinachs.
Además, Vaeza agregó que esta inversión fortalece la colaboración entre el sector público y privado.
“El cuidado es una inversión inteligente para los Estados porque permite el desarrollo económico y da más bienestar. Es necesario que los servicios públicos y privados participen”, afirmó la directora regional.
Salazar-Xirinachs concluyó señalando que el derecho al cuidado se perfila como un pilar central del Estado de bienestar:
“El Estado de bienestar habla del papel del Estado y de la política pública para dar acceso universal a la educación, acceso universal a la salud, acceso universal a la protección social, y ahora estamos proponiendo acceso universal al derecho al cuidado, a servicios de cuidado”, indicó el Secretario Ejecutivo.
Contenido del “Compromiso de Tlatelolco”
El documento adoptado reconoce el derecho al cuidado como derecho humano, visibiliza a mujeres indígenas, afrodescendientes y rurales, incorpora conocimientos ancestrales, y establece marcos de acción regionales y nacionales para la próxima década.
A su vez, se reitera el compromiso con la paridad de género en el Sistema de las Naciones Unidas.
